
Las terapias que ofrecen tanto la psiquiatría farmacológica como la psicología no siempre alcanzan sus objetivos. A pesar de todos sus esfuerzos, a menudo solo maquillan o atenúan los síntomas más obvios sin apenas rozar la causa que los originó. Sin embargo, la flamante psiquiatría nutricional se ha propuesto cambiar eso.
¿Y si te dijera que, a día de hoy, existe una intervención médica, en concreto, un tipo de trasplante, capaz de tratar trastornos del estado de ánimo (ansiedad patológica y depresión mayor incluidas) con mejores resultados que los psicofármacos?
Procedemos a presentar la infausta lista de los enemigos vencibles que osan poner en jaque la integridad de nuestros dos cerebros y obstaculizar nuestra búsqueda de la felicidad. Y los primeros en aparecer son los más fáciles... y también los más difíciles.
¿Y si las panaderías tuvieran que colgar un aviso en su escaparate que pusiera «consume nuestros productos con moderación y bajo tu propia responsabilidad»?
Aunque hoy nos parezca lo más normal del mundo eso de volcar sobre el bol del desayuno unos dulces y crujientes copos de maíz casi inmortales, o sacar de la mochila una chocolatina con galleta y caramelo para aguantar hasta la hora del almuerzo, ninguno califica realmente como «comida».
¿Sabías que se ha comprobado en ensayos clínicos controlados que algo tan sencillo como un polivitamínico bien formulado reduce significativamente el tiempo necesario para recuperar la estabilidad emocional tras una experiencia traumática?
Mal que nos pese a todos, cuando se siguen a rajatabla (pero sin la ayuda y la obsesiva monitorización continua que requieren), su efecto sobre la salud (aunque lento e insidioso) puede ser devastador.
Parece que las palabras «dieta paleo» nos evoquen la imagen de un troglodita barbudo mordisqueando una pata gigantesca de mamut, cuya cola reserva para el postre. Pero nada más lejos de la realidad.
¿Conoces la historia de Charlie Abrahams, el niño que catapultó el interés académico en la dieta cetogénica?
El Dr. Richard Veech fue el alma máter académica del poder terapéutico de la dieta cetogénica y quien desvelaría los secretos de las minúsculas baterías bioquímicas que dan fuelle al proverbial motor de combustión que nos mantiene vivos.
Descubre el colosal poder de lo que comes sobre tu estado de ánimo.
Todavía no podemos alterar la secuencia de los genes que nos tocaron en suerte, pero sí tenemos el poder de modular su expresión (y de elegir cuáles de ellos saldrán al escenario) a través de mecanismos epigenéticos que dependen de nosotros, como el ejercicio que hacemos, los abrazos que damos y qué ponemos en el plato.
En este curso introductorio a la fascinante psiquiatría nutricional, nos daremos un garbeo por la rueda de reconocimiento de los sospechosos habituales que ya sabemos obstaculizan el buen hacer y la paz espiritual de nuestro cerebro y que, a menos que ofrezcamos resistencia y se lo impidamos, promueven el daño cerebral y los trastornos del estado de ánimo: desde el azúcar, el trigo y los comestibles ultraprocesados, a las grasas industriales, los déficits nutricionales y las dietas demasiado restrictivas (o mal suplementadas)… porque la buena noticia es que su acceso a nosotros depende, en gran medida, de que les abramos la puerta y les autoricemos a entrar.
Y una vez destapados los enemigos, presentaremos a los aliados dietéticos que blindarán esa creatividad, esa autoconfianza y esa sonrisa. Comenzaremos con las casi milagrosas dietas paleo y, como broche final, ahondaremos en la más poderosa de todas las intervenciones nutricionales: la controvertida dieta cetogénica.