
La comunicación es la base de nuestra vida. Eres y consigues lo que logras comunicar. En la pareja no es diverso y la fuente de la felicidad y de los conflictos reside en la asertividad y transparencia de lo que nos comunicamos o en la opacidad y confusión de la misma.
Cada persona tiene uno de los tres estilos, pero de ellos uno es excelente mientras que los otros dos hacen daño tanto al receptor como al emisor del lenguaje. Es esencial conocerlos tanto para usar el que nos favorece (el asertivo) como para evitar los otros dos en la manera de emitir o de recibir la información.
Existen personas que en su comunicación utilizan de forma habitual el reproche, el insulto, el grito o la amenaza. Hablan con una postura amenazadora, señalan con el dedo y suben el mentón. Normalmente imponen su voluntad, pero acaban por quedarse solos y sin apoyos ni amigos. Son los que usan la comunicación agresiva. Es importante conocerla para desterrarla de nuestra forma de ser y para no permitir a nadie - menos aún a nuestra pareja - que la use con nosotros.
Si te cuesta mucho trabajo expresar lo que tienes dentro, si tienes miedo a hablar con tu pareja o con las personas en general, si procuras pasar desapercibido cuando sientes que en realidad tienes mucho que aportar, entonces usas un estilo comunicativo que te creará grandes problemas de baja autoestima, estrés y ansiedad. Necesitas cambiarlo con urgencia.
La mejor forma de comunicarse es aquella en la que expresar todo lo que deseas de forma franca, sincera, contundente y amable, sin ofender, insultar o denigrar de ninguna manera a tu interlocutor. Quien alcanza este estilo comunicativo abre muchas puertas y logra una fluidez fructuosa en su relación de pareja.
Conseguir ser asertivo es un arte. Ni es fácil ni se consigue rápido. Sin embargo, está al alcance de todos siempre que se trabaje con constancia y con una buena dosis de formación de la voluntad. Los frutos son tan espléndidos que vale la pena luchar por ellos.
Existen ejercicios muy concretos y eficaces para alcanzar la asertividad. Si eres una persona con estilo agresivo, te conviene esforzarte varios día por no criticar a nadie, no burlarte de nadie, no usar expresiones como "tienes que" "debes de" o no señalar con el dedo cuando hablas. Si eres te comunicas de forma inhibida y quieres convertirte en asertivo, te convienen también una serie de ejercicios como pedir tres favores al día, hablar sin justificar tu intervención o llevar la contraria a alguien.
La mejor forma de gestionar un conflicto está en la prevención, por eso, resulta imprescindible conocer los recursos de nuestra forma de ser y los de la pareja, de forma que la relación sea cada día más agradable y fructífera.
Escuchar no es lo mismo que oír y escuchar activamente no es lo mismo que simplemente escuchar. Existen muchos gestos pequeños que hacen ver a tu pareja que la escuachas de verdad, interesándote por ella e involucrándote en lo que te necesita expresar. Quien sabe escuchar abre un amplio camino hacia la comprensión y por lo tanto cimienta unas relaciones profundas y satisfactorias en la pareja.
Quien aprende a escuchar aprende a meterse en los sentimientos y creencias de los demás y con ello abre todas las puertas para la concordia y el crecimiento conjunto. Quien escucha alcanza la empatía y gracias a ella sabrá evitar conflictos, ofensas y burlas que son foco y causa de muchas desavenencias y rupturas.
Las palabras constituyen solo el 15% de nuestra comunicación. El otro 85% se basa en gestos, posturas, tonos e incluso silencios comunicativos. Es necesario conocer los rudimentos de esta comunicación para captar los mensajes profundos que la otra persona emite continuamente.
Las estadísticas de todos los países del mundo nos informan de que en todos ellos las mujeres viven más años que los hombres y que los hombres son más altos que las mujeres. Es decir, hay muchas diferencias entre la femineidad y la masculinidad que no responden a cuestiones culturales, sociales ni educativas sino a la naturaleza humana. Reconocer las diferencias es acercarse a la complementariedad que se da entre los dos y que puede ser tan rica y enriquecedora.
Es un hecho que la parte femenina del ser humano, se comunica buscando transmitir sus emociones y crear vínculos, por lo que elige un vocabulario indirecto, sutil y emotivo. La masculinidad, por el contrario, busca comunicar información que aporte conocimiento y por lo tanto busca ser racional, directo y lógico. Ambas formas de comunicarse son válidas y eficaces, pero al ser tan distintas, se necesitan identificar y distinguir para evirar disputas e incomprensiones que dentro de la pareja resultan tan perniciosas como habituales.
La femineidad busca por todos los medios crear relaciones entre los seres humanos que conduzcan a la unión y al fortalecimiento del grupo, mientras que la masculinidad centra sus esfuerzos en la competición y en la transformación de la materia. Es muy común ver a las niñas y adolescentes formando corrillos para simplemente hablar mientras que los chicos hacen deportes o construyen algo material. De adultos, seguirán normalmente el mismo proceder dependiendo de la proporción de femineidad y de masculinidad que posea cada uno.
Un tema trascendental para lograr la complementariedad y el entendimiento es la estructura de la mente. Mientras la femineidad vive todos los aspectos de la vida como un todo, la masculinidad estructura cada faceta de forma que se dedica a lo que está haciendo como si lo demás no existiera. En esta clase pongo un ejemplo que te explicará este tema.
La masculinidad tiende hacia una vivencia de la sexualidad muy genital y visual. Le bastan muy pocas cosas para desear tener un encuentro físico íntimo. La femineidad, por el contrario, entiende le encuentro sexual como el desenlace de una serie de encuentros a lo largo del día donde han reinado la comprensión, la ternura, el cariño y el entendimiento.
Es muy propio escuchar a las mujeres criticar a los hombres por su comportamiento y sus costumbres que a ellas les contrarían y molestan. Igualmente, los hombres se quejan de la forma de ser de las mujeres, que muchas veces supera la racionalidad con la que ellos tienden a juzgar el mundo. En esta clase expongo las principales quejas que he escuchado en mi periplo de psicólogo y la solución para las mismas.
Cuando emprendes un viaje sabes a dónde quieres ir y sabes qeu en la medida que lo planees el viaje será más o menos rápido, cómodo y eficaz. Con la vida en pareja sucede lo mismo. Es importante pensar en cómo quiero vivir dentro de 20 años, con quién, dónde, con qué valores y un sinfín de aspectos vitales que determinarán si seremos felices o no.
Conocer los distintos tipos de comunicación que se dan en pareja.
Reconocer a través del lenguaje corporal el estado emotivo de tu pareja.
Aprender a comunicarse de una manera asertiva, por ser la más eficaz.
Saber defenderse y dominar a quienes tratan de forma agresiva.
Evitar la inhibición a la hora de comunicarse, pues es fuente de pérdida de respeto.
Aprender el arte de la escucha activa, que es la clave para comprender a los demás, involucrarse en sus vidas y ganarse su confianza.
Adquirir el hábito de la empatía, que consiste en meterse dentro del sentir de quien vive contigo.
Poseer nociones básicas de la comunicación no verbal, que constituye el 85% de lo que transmitimos a los demás.
Conocer la complementariedad que existe entre lo femenino y lo masculino a través de la distinción entre los diversos modos de sentir, pensar y actuar de ambos.
Distinguir entre el lenguaje femenino (indirecto, emotivo y sutil) y el masculino (directo, sobrio y lógico).
Entender cómo le gusta actuar a la parte femenina y cómo a la masculina en la familia, el trabajo, la casa, las aficiones y los diversos campos de la vida.
La visión y acercamiento que tienen al sexo la femineidad y la masculinidad.
las quejas y los deseos que las mujeres tienen de los hombres y viceversa.
La importancia y la posibilidad de trazar un proyecto de vida en común.