
La visión de las organizaciones ha tenido una evolución en tiempo que corresponde con las diferentes visiones.
Así, podemos hablar evolutivamente de tres visiones diferentes:
Concepción mecanicista
Es la más antigua y se corresponde con la visión de la empresa como una máquina que debe funcionar a la perfección. En esta concepción las personas son consideradas como una pieza más de la estructura y por lo tanto, cuanto más iguales sean las piezas mejor será su funcionamiento.
La empresa entendida como un engranaje o una pura cadena de producción tendrá como principal obsesión los procesos y sistemas, evitar las diferencias y tratar de identificar de forma continua cual es la parte de la máquina que funciona más lenta o de manera más ineficiente (si la identifico y corrijo, la empresa ganará en productividad, y puedo continuar la búsqueda de parte más ineficiente en un continuo dinamismo productivo).
Esta visión es la que se conoce como el Taylorismo donde se calculan los tiempos de producción para una mejora continua. Hablamos de finales del siglo XIX, y principios del XX. Son conceptos donde la persona es considerada como un mero recurso (de ahí la inapropiada denominación de Recursos Humanos que aún pervive) y que, aunque aportaron algunas mejoras en los procesos productivos, actualmente no sirven (entre otras cosas, porque lo primero que se dieron cuenta los empresarios es que producir de manera incontrolada si no está supeditado a las ventas lo único que provoca es un inmovilizado en almacén al que no saco rentabilidad).
La empresa como institución
Una segunda visión es la de la empresa como institución, es decir, como una entidad que tiene identidad en sí misma, cultura, misión y valores. Podríamos decir que es la que más se extiende actualmente donde se han tenido en cuenta muchos de los elementos anteriormente mencionados. Nos basta observar la web de cualquier empresa, para ver cómo se resalta dicha misión y valores, aunque no siempre se cumplan. Incluso esa cultura empresarial existe en las organizaciones más pequeñas, aunque no siempre esté formalizada.
Empresas que realizan la misma actividad hay muchas, pero cada una de ellas lo hace con su propio estilo, con su forma peculiar de entender la gestión y la organización de sus recursos. Un estilo que es que hace que las profesionales se sientan o no identificados con su organización. De hecho, esas visiones normalmente las empresas la recogen en la definición de su misión, que conforma sus valores que a su vez tienen su desarrollo en los objetivos y planes de actuación.
La empresa como familia
Durante los últimos años está cobrando fuerza la concepción de la empresa como familia cuyos lazos y valores son mucho más fuertes que los de una institución. En una familia, se valora a cada persona de forma individual y única. Esta línea será más desarrollada a lo largo de los materiales, pero es uno de los aspectos que más valor está generando en nuestras empresas.
Cuando hablan de excelencia las empresas persiguen normalmente dos categorías:
Excelencia en el cliente
Hablamos de calidad, precio, confianza, cumplimiento de plazos, diseño, etc. Todo aquello que el cliente aprecia. Las empresas se han de enfocar a qué tipo de excelencia de cliente quieren atacar. Por ejemplo, en mi empresa intentan dar buena calidad a un precio medio.
Excelencia en el negocio
Aquí hablamos de crecimiento, beneficios, durabilidad de la empresa, inversión, etc. Por ejemplo, donde ahora trabajo siempre ha primado mucho más la innovación que el reparto de dividendos, por lo que los beneficios se reinvierten.
Estas dos categorías son interdependientes, es decir, cuando se consigue una se tiende a conseguir la otra.
El grupo como parte de la organización posee varias definiciones dadas por los estudiosos de la materia.
McDavid
Grupo "es un sistema organizado, compuesto por individuos relacionados de forma tal que cumplen una función, tiene un conjunto de reglas que determinan el papel de la relación entre sus miembros y que regulan la función del grupo y de cada uno de estos".
Este punto de vista muestra directamente algunas particularidades que poseen los grupos; el formalismo, las normas y funciones, dando un alineamiento fundamental para el desarrollo acorde de cada elemento en el sistema.
Homans
"El grupo es una serie de personas que se comunican entre sí durante un lapso y cuyo número es suficientemente pequeño como para que cada persona sea capaz de comunicarse con todos los demás, sin necesidad de intermediarios". En este enfoque se expresa claramente la interacción que existe entre los miembros y que primordialmente surge una situación de intercambio funcional e interdependencia.
O"Toole
Señala que "en la actualidad se reconoce cada vez más que el reto de todo directivo consiste en saber sortear los peligros en forma decidida y exitosa, manteniendo condiciones apropiadas que pueden simplemente transformarse con efectividad cuando la organización lo requiera".
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Factores influyentes en el comportamiento grupal
Existen puntos de vista en donde se refleja el estudio de los factores influyentes en el comportamiento grupal en dos situaciones básicas, los recursos de los integrantes y la estructura funcional del grupo.
Potencial de desempeño
Se relacionan los niveles potenciales de desempeño y los aportes entregados por cada miembro. Involucra la habilidad, tanto física como intelectual que cada miembro tiene a la hora de realizar las actividades, así como el grado de eficacia con que las desempeña. Complementa con características de la personalidad de cada individuo del grupo. Donde se revela que los atributos individuales tienden a relacionarse de forma positiva con la productividad del grupo, el clima y la cohesión. Todas las características presentes en el ser humano afectan directamente el desempeño individual y su manera de interactuar e interesarse con las actuaciones de su grupo.
La estructura del grupo
Moldea y da forma al comportamiento global y posibilita la explicación más aproximada al individuo, dándose fundamentalmente a través de dos variables claves para este punto. Inicialmente, el liderazgo formal establecido en toda organización para la gerencia y dirección correcta de los grupos y componentes del sistema, ocupando un lugar clave e importante para los logros del grupo.
El papel del grupo
Un conjunto patrones de comportamiento, rol o función deseable para una persona o grupo que se encuentra ubicado en una posición de la organización. Estos, deben ser claros y precisos en cuanto a la identidad, expectativas, percepción y posibilidades de conflicto.
Los elementos que colaboran en el desarrollo de los grupos dentro de las organizaciones son:
La aceptación mutua
En la primera etapa de la formación del grupo sus miembros se mostrarán desmotivados a comunicarse entre sí. Es típico que no estén dispuestos a expresar sus opiniones, actitudes o creencias hasta que alcancen un mínimo nivel de confianza mutua.
La motivación y productividad
Cuando se alcanza un nivel ideal de comunicación entre los miembros de un grupo estos comienzan a invertir más tiempo en la consecución de las metas pertinentes al grupo y así comienzan a trabajar como unidad de cooperación en vez de competición.
El Control y la Organización
A estas alturas los miembros valoran el hecho de pertenecer al grupo y comienzan a reglamentarse por las reglas del grupo, toman prioridad las metas del grupo por encima de las individuales. Se obedecen las normas o se aplican sanciones cuya máxima expresión es el ostracismo por no cumplir con las metas o normas del grupo, otras normas de control incluyen el aislamiento temporal o el trato agresivo por parte de los demás integrantes.
La Estructura
El paso del tiempo desarrolla algún tipo de estructura en el grupo. La experiencia, La agresividad, el poder y el estatus son los factores que la definen. En los grupos formales el estatus suele determinar la posición en la estructura y en los informales, se basa en cualquier cosa que parezca relevante al grupo.
La Jerarquía de Estatus
El estatus y la posición son tan similares que pueden ser términos intercambiables, los criterios a considerar serian la experiencia o antigüedad del integrante del grupo sin comprometer su posición dentro de la estructura de este.
El rol
Cada persona tiene un rol asociado dentro de la estructura del grupo. El papel o rol es un conjunto organizado de comportamientos que se esperan de un individuo cuando desarrolla una función específica.
Las Normas
Son los estándares que generalmente comparten los miembros del grupo y que reúnen ciertas características que son importantes para estos, se forman solo con relación a asuntos que signifiquen algo para el grupo, se pueden poner por escrito, o comunicarse verbalmente.
El Liderazgo
El papel del liderazgo en los grupos es una parte crucial porque el líder del grupo ejerce cierta influencia sobre sus integrantes y está en una posición excelente para juzgar lo preparado que este el grupo para asumir sus tareas.
La Cohesión
La cohesión es la fuerza de los deseos de los integrantes para permanecer en el grupo y su nivel de compromiso con él mismo.
Fases en la vida de un profesional en las organizaciones
José Medina, Socio director de Odgers Berndtson desde 1985 y actualmente presidente de España y Portugal y Miembro del Comité Ejecutivo Europeo de esta firma de reclutamiento y selección de Recursos Humanos, en su artículo denominado "¿Satisfecho o motivado en su carrera?" identifica cuatro fases en la vida de un profesional en las organizaciones, respondiendo a estas preguntas:
Fase 1
¿Cuántas veces en nuestra carrera hemos abordado un gran proyecto, ilusionante y desafiante, al que desde el principio nos hemos entregado en cuerpo y alma, sin regatear tiempo y esfuerzo, antes de ver los primeros resultados?
Fase 2
En otras ocasiones, hemos vivido etapas de disfrute en las que, tras perseverar en los esfuerzos iniciales y haber invertido mucho tiempo, energía y entusiasmo, hemos visto la luz al final del túnel: el proyecto funciona, hay resultados y empezamos a disfrutar de ellos. Los deberes se han hecho y se está alcanzando el objetivo.
Fase3
Igualmente, a veces hemos sentido que, tras haber culminado un proyecto, llevábamos ya un tiempo viviendo de él, saboreando y disfrutando con exceso las mieles. Lo más importante ya se había hecho y, poco a poco, nuestro trabajo de cada día nos parecía más de lo mismo. Ya no había pasión ni entusiasmo.
Fase 4
Y finalmente, también, por desgracia, hemos vivido etapas en las que el trabajo cada vez nos dice menos, nos aburrimos, no aprendemos y "nos cuesta levantarnos para ir al trabajo", la malvada señal de alarma roja.
En la primera situación, el profesional está motivado y todavía no satisfecho. En la segunda, satisfecho y motivado. En la tercera, satisfecho, pero no motivado. Y en la cuarta, ni satisfecho ni motivado.
Una curva y cuatro fases en el ciclo de vida profesional
Al explorar en profundidad la carrera profesional de muchos directivos, observamos que, entre otras, aparecen de forma consistente estas cuatro situaciones, cada una con diferentes dosis de motivación y satisfacción.
Quizá lo más interesante es que no suelen aparecer aisladas, sino relacionadas entre sí mediante una curva, y constituyen con frecuencia fases o etapas secuenciales no solo en el trabajo, sino también en la carrera directiva, en las organizaciones y en otras facetas de la vida, en la política y hasta en las relaciones afectivas.
Es también la historia del ciclo de vida de un producto y de la grandeza y caída de muchas grandes empresas. La curva y las fases resumen, asimismo, la existencia humana. Empezamos creciendo poco a poco, subimos y luego bajamos.
Las cuatro combinaciones binarias posibles de motivación-satisfacción conforman las cuatro fases secuenciales, que denominamos de Compromiso (I), Consolidación (II), Complacencia (III) y Decadencia (IV).
Fase I: Compromiso y Crecimiento (Motivado y No Satisfecho)
El directivo se implica en un gran proyecto, lo compra emocionalmente, con un gran compromiso y deuda moral y emocional con la empresa y con quienes le han elegido. Es fase de aportar y aprender, y, al mismo tiempo, de gran dedicación, sacrificios personales y familiares, jornadas interminables o viajes agotadores.
En esta fase, el salario emocional es alto y la persona pone en juego sus mejores capacidades y talento. Hace suyo el proyecto, se faja y se entrega a él, sin letra menuda. La curva de aprendizaje tiene máxima pendiente.
Las vivencias de la persona en esta fase son todas las "e" de la motivación más fuerte y auténtica: entusiasmo (en griego significa que los dioses están en ti), entrega, emoción, energía y endorfinas.
Fase II: Consolidación (Motivado y Satisfecho)
En esta etapa se consolidan el esfuerzo y dedicación de la anterior. El proyecto funciona, se ve la luz tras el túnel, y se empieza a disfrutar de los resultados. La vertebración del proyecto ya se ha logrado y se rematan los detalles. Se han hecho los deberes y es un orgullo.
Se saborean las mieles y las bondades del proyecto. Sin embargo, se empieza a tener la sensación de etapa cubierta. Poco a poco, van disminuyendo la aportación y el aprendizaje y el proyecto pasa a ser hijo de uno mismo y niña de sus ojos. El dilema humano de dar el hijo en adopción comienza a plantearse.
Las vivencias personales de esta fase son de disfrute, madurez y plenitud del proyecto y misión cumplida. Y el peligro, sentir la "propiedad".
Fase III: Complacencia (Satisfecho y No Motivado)
El proyecto está terminado y ya solo quedan pequeños ajustes, que otros pueden llevar a cabo. Para algunos, prácticamente se ha cumplido el objetivo. Pero otros, como seres humanos, siguen disfrutando de las mieles y no se empalagan. Comienzan a "pastar".
La energía se empieza a dedicar más a explicar cómo se ha hecho que a iniciar nuevos retos. El espíritu, la mente y hasta el cuerpo engordan. A ello sigue la autocomplacencia, el estancamiento y hasta el "compromiso al revés": sentir ahora que es la empresa o los "otros" quienes están en deuda moral conmigo por mi gran esfuerzo, trabajo y servicios prestados.
Las vivencias de esta fase son de saciedad, de más de lo mismo, de estancamiento y de vía muerta. Siguiendo este camino, el paso a la siguiente fase ya está servido.
Fase IV: Decadencia (Ni satisfecho ni Motivado)
Es la fase descendente y de deterioro, consciente o inconsciente, de posible degradación, hasta de destrucción según el caso. La cuesta abajo cambia progresivamente a caída en picado, casi irreversible. Las opciones de reconducir la carrera son cada vez más complejas.
El final de esta fase es a veces traumático y la reconversión dolorosa, tanto más cuanto más avanzada es la carrera. Suele acabar en salida de la empresa y reinicio de otra etapa profesional. Las vivencias personales de esta fase son el aburrimiento, deterioro y frustración, a veces seguidas de depresión.
¿Es este el destino? ¿Qué hacer para no entrar en la zona de la desmotivación, no estancarse y no caer en la complacencia y en la decadencia? La clave es el cambio y el reinventarse. Hay que renacer. Quien no está para nacer está para morir. Antes de llegar al punto máximo de la curva, hay que salir de ella e iniciar una segunda curva, apostando por estar de nuevo motivados y todavía no satisfechos. No es fácil salir de la primera curva, pues todo nos invita a seguir en ella. Pero lo que nos trae el éxito también nos trae el fracaso. Si seguimos el camino de la primera curva, empezamos a descender y a caer en picado.
Iniciando la segunda curva
Tenemos dos fases para iniciar a tiempo la segunda curva.
Fase I: Cambio, Reinventarse
Así pues, en vez de ir de "Consolidación" a "Complacencia", vamos de "Consolidación" a "CAMBIO" y reiniciamos un nuevo camino, que nunca será el mismo
Es muy frecuente en directivos con talento la forma, inocente, en que describen este paso: "Fíjate que, después de todo el sacrificio llevando a cabo este proyecto, cuando lo tenía prácticamente terminado y empezaba a disfrutar de las mieles de ver que todo funcionaba, me apareció otro tema que era tan enormemente atractivo que, después de pensarlo un tiempo, no me pude resistir y lo acepté."
De esta forma tan simple, el profesional con talento muestra cómo, consciente o inconscientemente, se reinventa a sí mismo con nuevos retos, que son las resistencias a vencer que miden las fuerzas de sus capacidades y talento directivo. En la Fase I de Cambio renace el compromiso con el nuevo proyecto, el aprendizaje y el desarrollo profesional y personal. Aparece de nuevo el entusiasmo, la ilusión y la entrega y se sigue de nuevo el camino.
Fase II: Consolidación del Cambio
Se repite, en líneas generales, la experiencia anterior, pero nunca nos bañamos dos veces en el mismo río ni volvemos a pasar por el mismo lugar, pues el lugar ha cambiado y nosotros tampoco somos los mismos. Por eso, las vivencias profesionales y humanas de esta etapa son descubrir, asombrarse e integrar nuevas experiencias en nuestro referencial personal y profesional.
Así sucesivamente, iremos viviendo experiencias donde, como el marino, iremos de puerto en puerto, pero consolidando cada etapa y cada proyecto sin perder raíces ni referencias.
Como decía el poeta, la meta es el camino, y este se hace al andar en un viaje eterno hasta Ítaca, siempre con la mirada hacia el horizonte, hasta llegar finalmente donde el mar abraza al sol y a las estrellas.
El nuevo entorno exige a las organizaciones que quieran sobrevivir y ser competitivas, una capacidad de reacción rápida y flexible para responder a la velocidad y a la incertidumbre en la dirección del cambio y los procesos decisivos. ¿Qué variables determinan la capacidad de adaptación de las organizaciones y sus miembros?
La transformación de los Recursos Humanos, el impacto de las nuevas tecnologías, las nuevas dinámicas de conciliación laboral y el compromiso de los empleados en un entorno de continuos cambios es clave para las empresas que quieren sobrevivir y ser competitivas.
Los directivos de RR.HH. saben que tienen que estar muy pegados al negocio, conocerlo y ser sensibles a las necesidades de los profesionales y las compañías. Estar cerca de las personas y del negocio en general.
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