
¿Es compatible la amabilidad con la firmeza en educación?
En este vídeo encontraremos un breve resumen de toda la teoría que hemos visto hasta ahora a lo largo del curso.
En él, Marisa Moya, maestra de Educación Infantil, psicóloga, y máxima representante de la Disciplina Positiva en España, nos invita a ponernos en la piel de los niños y a ser conscientes de los límites y retos que afloran en el día a día de padres y educadores.
“La disciplina positiva es sentido común y coherencia en la vida, en la educación y en las relaciones humanas”. En el siguiente vídeo, Moya insiste en que la clave de la educación en el siglo XXI consiste en crear gimnasios emocionales en cada hogar y en cada escuela, ya que es a través de la experiencia como uno aprende a humanizarse. “Los niños necesitan experimentar para convertirse en personas. El castigo no es una estrategia educativa, es una inseguridad adulta”, concluye la educadora.
Actualmente compagina su labor de directora de una escuela infantil con talleres y charlas para familias, docentes y formación de educadores en los que insiste en que hay tener la valentía y el coraje de la imperfección. “No hay padres ni madres, maestros ni maestras, no hay seres perfectos”.
María Soto, educadora y autora del libro "Educa bonito", nos explica en esta interesante conferencia por qué no funcionan los premios y los castigos. ¡No te la pierdas!
Gestión Emocional
¿Pierdes el control sobre tus emociones? Tranquilo, es normal que te enfades en un primer momento si, por ejemplo, otro conductor golpea tu vehículo en la carretera. Ante algo así tienes dos opciones: Gestionar tus emociones y tratar de resolver esa situación de una forma amigable y civilizada, o bien, perder los papeles, dejarte llevar por la ira y tener un enfrentamiento más agresivo que probablemente convierta este pequeño accidente un problema mayor.
Lo mismo ocurre cada día en nuestra forma de manejar la educación de los niños. Es fundamental tener la capacidad de gestionar nuestras emociones, de expresarlas con mesura para no caer en el descontrol y después arrepentirnos de algo que podíamos haber evitado con una correcta gestión emocional. Además, los niños imitan todo lo que ven y si queremos que ellos manejen bien las situaciones de estrés y desarrollen habilidades emocionales y sociales, tendremos que comenzar por ser un buen modelo de imitación.
Para que esto no ocurra y que puedas tomar siempre las riendas de tu vida, aquí tienes las pautas para gestionar tus emociones y poder tomar las mejores decisiones:
Acepta tus emociones. En primer lugar es importante que no te sientas culpable por sentir lo que sientes. No existen las emociones malas, pero si hay formas negativas de expresarlas. Recordar esto en el momento en el que nos sentimos abrumados por una emoción evitará que tengamos un conflicto con nosotros mismos respecto a nuestras emociones.
Aléjate, relájate y respira. Si una emoción te invade y sientes que vas a perder el control, dedícate un minuto antes de realizar cualquier acción. Aléjate de la situación, cierra los ojos, relájate y respira. Toma conciencia de cuáles son tus emociones, ponles nombre y siente cómo se manifiestan en tu cuerpo: Quizás notes que tu corazón se acelera o que tus músculos se tensan. Toma el control de tu respiración y realiza 12 inspiraciones y expiraciones profundas. Verás cómo te sientes mejor. Esto no debería llevarte más de un minuto, literalmente.
Si nunca has hecho nada parecido a una meditación, en este vídeo encontrarás una meditación guiada por el Dr. Mario Alonso Puig, doctor de medicina interna, investigador y divulgador científico sobre los beneficios que aporta el Mindfulness a nuestro cerebro.
Si no tienes tiempo para tanto, te dejo una de, nuevamente, UN MINUTO. Es una inversión que, te aseguro, merecerá la pena. En Disciplina Positiva a esto se le llama “El tiempo fuera de forma positiva”. Veremos cómo aplicarlo con los niños, más adelante. Ahora me interesa que seas tú quien aprenda a realizarlo.
Este paso es el que marca la diferencia entre gestionar o no nuestras emociones. Aquí decides si dejarte ir o detenerte y tomarte el tiempo necesario para conectar con tu cerebro racional.
Observa la situación con perspectiva. Ahora que seguro que estás más calmado, vamos a estudiar la -verdadera- gravedad del asunto. ¿Qué es lo peor que te puede pasar? Esta situación que te genera miedo, rabia o tristeza… ¿Qué relevancia real tiene en tu vida? ¿Tendrá importancia de aquí a 10 años? Ésta última pregunta será muy relevante. Una vez más, recuerda que educamos a largo plazo. Antes de actuar, trata de responder a estas preguntas para tener una visión objetiva de lo que sucede.
Libera tensión. Ante una situación de gran carga emocional es muy útil tener una vía de escape que nos permita expresar nuestra emoción de una forma que no dañe a los demás, ni a nosotros mismos: Llama por teléfono a un amigo; golpea un cojín; grita si te encuentras en un lugar en el que puedas hacerlo o incluso practica deporte si dispones del tiempo suficiente para hacerlo. Te permitirá liberar la adrenalina que te hace sentirte agitado y después verás la situación desde un prisma más positivo.
Incluso tras haber resuelto la situación, es probable que la carga emocional te acompañe durante un rato o incluso durante unos días. Para mantener nuestra salud mental es importante que incluyas un rato en tu rutina para ti, para liberara estrés, para relajarte y descargar toda la tensión acumulada de la jornada. En la sección de documentación he colocado una lámina con 50 formas de relajarse en 5 minutos. No es demasiado tiempo, todos podemos hacer un hueco para cuidarnos y prevenir males mayores por no haber gestionado nuestras emociones a tiempo.
Cuidar de ti, en este caso, es cuidar de los tuyos. El conocimiento de uno mismo y la constancia serán clave para poner en práctica estas 4 sencillas pautas. Que tú consigas dominarlas es el primer paso para que ellos lo hagan.
En este vídeo, Jorge Benito, el creador del famoso canal Mindful Science, nos explica qué es el Mindfulness. Personalmente, te recomiendo visitar su página web y sus vídeos para iniciarte en esta práctica.
¿Quieres incorporar el hábito del Mindfulness en tu día a día? El Dr. Mario Alonso Puig, te ofrece una meditación guiada en este vídeo.
Él es médico especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, premio máximo a la comunicación y relaciones humanas por el Instituto Dale Carnegie de New York. Formado en el campo de la inteligencia humana y divulgador y científico, entre otras cosas sobre los beneficios del Mindfulness en nuestro cerebro. No puedo dejar de recomendarte su libro: Mindfulness, ¡tómate un respiro! que combina a la perfección teoría y práctica sobre este fabuloso hábito.
Enséñale a gestionar sus emociones
Es evidente que con aceptar nuestras emociones y las de nuestros hijos no será suficiente para llevar una vida plena. “No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con ellas”, dice Jorge Bucay, y es totalmente cierto. No podemos controlar cómo y cuándo aparecen las emociones, pero sí que tenemos el poder de elegir qué hacer cuando éstas aparecen.
Los pasos para gestionar las emociones no son complicados. Una vez más, no te encontrarás con vocablos desconocidos o pasos complejos que requieran de conocimientos previos. Sin embargo sí que es necesario que tú domines la gestión emocional antes de enseñársela a tu hijo. Como hemos visto en el módulo uno del curso, para ser un buen entrenador, antes hay que haber hecho mucho deporte.
Antes de nada, me gustaría romper una lanza a favor de los niños. Es muy probable que si estás haciendo este curso tengas la idea de que tus hijos son desobedientes, que son niños que se portan muy mal, que te hacen perder los nervios… Pero recuerda, ante todo, que para tus hijos tú eres la figura más importante de su vida. Que eres su adulto de referencia y que ellos obtienen sus pautas de comportamiento de ti. Esto significa que todo lo que tú hagas es, para ellos, lo normal, lo socialmente aceptable.
Para que no veas esto como una “carga de responsabilidad negativa” deja que te muestre un vídeo muy cortito, que tiene relación con el ejercicio que tenías que hacer al final del módulo anterior. Si no lo has hecho ya, por favor, realízalo cuanto antes. Es muy importante que si decides incluir la metodología de Disciplina Positiva en tu vida, empieces a familiarizarte a conversar sobre tus sentimientos y a interesarte y preguntar acerca de los de los demás.
Como puedes observar en este vídeo, la mayoría de los padres no son conscientes de la influencia que tienen sobre sus hijos. ¿No sería maravilloso que ellos escuchasen cada día palabras como esas de sus pequeños y a la inversa? Mostrar nuestras emociones hacia los demás con cariño, empatía y asertividad SIEMPRE nos acercará a la otra persona.
Creo que no hace falta nada más para animarte a compartir tus emociones con tus pequeños, ¿verdad? Veamos ahora cómo gestionarlas.
Recomiendo realizar esta meditación a niños de 3 años en adelante, pudiendo utilizarse también con adolescentes. Por supuesto, te invito a que tú también la pruebes -si es que no lo has hecho ya- y disfrutéis de este ratito juntos.
La meditación tiene los mismos beneficios en pequeños y grandes, por lo que te animo fervorosamente a que te hagas este regalo y la incluyas como parte de tu rutina diaria, sobre todo si tienes dificultades para dormir o presentas síntomas de estrés y ansiedad.
Práctica de la meditación para niños
El lugar: Escogeremos una habitación tranquila, previamente ventilada, con una temperatura confortable y una luz tenue. También podéis acompañar la sesión con una música suave y/o algún aroma relajante como el incienso. El niño llevará ropa cómoda, preferiblemente sin calzado.
La posición: Lo mejor es que pueda permanecer tumbado boca arriba para realizar la sesión, (podemos colocar un par de toallas grandes -una sobre otra- sobre el suelo), con brazos y piernas estirados, palmas hacia arriba y espalda recta. Si no puede ser, también puede colocarse sentado cómodamente en una silla, con los pies apoyados en el suelo, la espalda muy recta y las manos sobre tus rodillas.
¡Ahora sí! Dale al play, cierra los ojos… ¡y a disfrutar!
Potencia su autonomía
A pesar de que cada vez hay más evidencias científicas que afirman que el contacto de los bebés con, sobre todo, sus madres fomenta el desarrollo físico y emocional, todavía sigue existiendo la creencia generalizada de que prácticas como el colecho o el porteo, durante los primeros años de vida del bebé, genera unos niños dependientes y malcriados. Lo cierto, es que un bebé que ha establecido lazos afectivos sanos con su figura de apego y ha sentido cubierta su necesidad de seguridad en sus primeros años de vida, se convertirá, generalmente, en un niño más autónomo.
Sin embargo, hay veces que los padres, con esta intención de ser un buen progenitor, prolongan ciertos hábitos en el tiempo: como ayudar a su pequeño a comer, a beber, a vestirse o a mantener su habitación ordenada. Procurando dar afecto y cariño a los niños y evitar su sufrimiento, están cometiendo el error de dificultar su adquisición de autonomía. Están creando un niño inseguro y dependiente.
Beneficios del desarrollo de la autonomía:
Por eso, hay que prestar atención a fomentar la autonomía desde la primera infancia. Dar pequeñas responsabilidades a los pequeños, les hará sentirse útiles, desarrollarán una autoestima sana, y crearemos futuros adultos autosuficientes, con hábitos sanos y con iniciativa y confianza para llevar a cabo sus proyectos. Los pequeños serán, poco a poco, responsables de sí mismos, libres para desenvolverse en diferentes contextos y situaciones, adaptarse a las normas de convivencia.
El desarrollo de la autonomía:
Generalmente, un niño autónomo es un niño seguro de sí mismo. Aunque quizás te sorprenda, a los niños les encanta asumir responsabilidades, sentir que confiamos en ellos, que son un miembro útil en el grupo y que son capaces de llevar sus tareas a cabo. Delegar en ellos pequeñas responsabilidades les hará comprobar que tienen capacidad de trabajo, que son competentes, ganarán confianza en ellos mismos y, como es lógico les hará adquirir hábitos saludables que mantendrán a lo largo de su vida.
Hay adultos a los que ciertas responsabilidades, sobre todo en el hogar, les cuestan un gran esfuerzo. Esto puede ser en parte a que no han adquirido ciertos hábitos y competencias desde la niñez. Muchos padres (y madres) tienden a acaparar todas las responsabilidades del hogar impidiendo que sus pequeños adquieran pequeños cargos, y llegan a la edad adulta sin haber adquirido el sentimiento de que tienen que cuidar de sí mismos. Estos hábitos, como todos, son mucho más fáciles de adquirir durante la infancia. Así pues, si quieres que tu hijo se convierta en un adulto responsable, ¡empieza cuanto antes!
Etapas de desarrollo:
Para un desarrollo correcto de la autonomía, es importante conocer qué responsabilidades pueden asumir los niños, acordes a su edad y desarrollo evolutivo. A modo orientativo, éstas son algunas tareas que, normalmente, los niños pueden asumir como responsabilidad a estas edades:
- Antes de los dos años:
Ayudar a recoger los juguetes.
Beber de un biberón o vaso cerrado.
Tirar su pañal a la basura.
- Entre los 2 y 4 años, a los anteriores añadiremos:
Comer solo utilizando la cuchara, y poco a poco, el tenedor.
Lavarse y secarse las manos.
Pedir ayuda cuando tiene la boca o la nariz sucia.
Limpiar algunas cosas de las que mancha.
Usar la papelera.
Controlar esfínteres. En este orden: saber cuando está sucio, pedir que le cambien, utilizar el orinal, subirse y bajarse el pantalón.
Colaborar en mantener limpios los espacios que utiliza
- Entre los 3 y 6 años:
Utilizar el tenedor, la servilleta, y poco a poco el cuchillo.
Limpiarse después de ir al baño.
Enjabonarse, enjuagarse y secarse; sonarse la nariz.
Cepillarse los dientes.
Taparse la boca al toser.
Dejar limpios los espacios de aseo.
Mantener limpios los espacios que se usan.
Colaborar en algunas tareas domésticas, como guardar la ropa sucia, poner y quitar la mesa o extender las sábanas.
Es importante estar atento a los denominados “períodos sensibles”, etapas en las que los niños están más predispuestos a adquirir determinados aprendizajes. Si ves que tu hijo lleva la mano al tenedor, anímale a utilizarlo, en lugar de apartarle la mano porque se va a ensuciar.
¿Cómo conseguir que desarrolle su autonomía?
Estoy segura de que la parte “moral” de esto ya la sabes, así que ahora te facilitaré algunos tips más concretos para que lo consigas.
Confía en él y en sus posibilidades: Acabamos de verlo: Si tú confías, él confía. Tendemos a reproducir la imagen que nuestro entorno tiene sobre nosotros, por eso es tan importante no etiquetar a los niños. A esto se le llama “Efecto Pigmalión” o profecía autocumplida.
Me gustaría que dedicaras cuatro minutos de tu tiempo para ver el vídeo que acompaña esta lección en el que el psicólogo Alberto Soler nos explica los verdaderos efectos que tienen sobre nuestras capacidades las expectativas.
- Ofrécele mensajes positivos: Tal y como vimos anteriormente con el ejemplo de la llegada al parque, es mejor centrarnos en sus logros en positivo que en lo negativo.
Ejemplo: Si estamos trabajando el control de esfínteres y se le escapa un pis, es mejor recalcarle que estamos en el camino correcto, señalándole el tiempo que ha permanecido sin hacer pis, que remarcarle de forma insistente que se le ha escapado uno.
- Evita las etiquetas: Hay casos obvios en los que no me detendré demasiado, como poner etiquetas “negativas” a los niños, del tipo “eres un desobediente” o “eres un llorón”. Muchas veces tendemos a etiquetar a nuestros niños destacando alguna de sus conductas repetitivas que socialmente no están bien vistas o nos molestan. A pesar de no tener mala intención, al subrayar lo que hacen mal les podemos hacer sentir que nunca serán capaces de cambiar y que están limitados por esos defectos.
Dicho esto, también me gustaría señalar que tampoco es bueno caer en las etiquetas “positivas” como “qué listo eres” o “eres el mejor” . Está claro que son expresiones que tienen buena intención y no pasa nada por hacer un halago o un cumplido de vez en cuando. Pero si, por ejemplo, el niño saca buenas notas y siempre le están diciendo que es muy listo, es posible que relacione su “éxito” a esa cualidad y sienta que no se ha valorado su esfuerzo, su constancia y su responsabilidad. Además estaremos generando en él unas expectativas que le pueden generar ansiedad y estrés.
Finalmente, es recomendable tener cuidado cuando usamos las palabras “siempre” y “nunca” con los niños, porque cierran su futuro ante cualquier intento de cambio: “siempre sacas buenas notas”, “nunca me escuchas”, etcétera.
- Reconoce su esfuerzo: Es posible que el punto anterior ya te haya llevado a esta conclusión. Lo importante cuando el niño trate de hacer algo es que reconozcas su esfuerzo. Los peques vienen programados para buscar la aprobación de los adultos, así que es muy probable que cuando tu hijo haga un dibujo, vaya corriendo a enseñártelo: “¡Mamá, mira qué hice!”; o que en el parque trate de mostrarte todas las piruetas que es capaz de realizar.
En estos casos, trata sobre todo de centrarte en su esfuerzo. Si nos enfocamos principalmente en el resultado final, es posible que los niños traten de hacer tareas que le resulten fáciles, para asegurarse de conseguir nuestro halago. Reconocer su esfuerzo le hará motivarse para seguir haciéndolo. A todos nos es grato que valoren nuestro trabajo, ¿verdad? ¡Los niños no son diferentes!
Intenta indicarle lo que ha hecho bien, pero también señálale si se ha esforzado, interésate por si lo ha disfrutado, por cómo se ha sentido realizando la actividad, trata de que sea consciente de cuáles son sus emociones, que trate de identificarlas y ponerles nombre. Como sabes, éste será el primer paso para aprender a gestionar sus emociones.
Y además, algunos consejos:
Muéstrale las indicaciones para hacerlo, en un principio recuérdaselo y deja que lo hagan solos. Da indicaciones, pero no lo hagas por ellos.
Mantén la calma y sé paciente. Recuerda que está aprendiendo. Es normal que al principio haga algo mal o tarde en hacerlo. Reconoce siempre su esfuerzo. Elogia sus mejoras y sus logros y, sobre todo, motívale a conseguir hacerlo por sí solo.
Establece horarios y rutinas para determinadas tareas, como irse a la cama, lavarse las manos antes de comer, etc.
Puedes emplear cuentos o dibujos, para explicarle cómo y por qué los personajes hacen los hábitos que queremos inculcar.
Recuerda ir ampliando sus responsabilidades y sus hábitos, a medida que adquiere los anteriores.
Ya tienes lo que necesitas saber en tus manos. Ahora, ¡a llevarlo a la práctica!
Llegar a acuerdos: negociar
Cuando los niños perciben que tienen cierto control sobre lo que sucede, se reduce su necesidad de ser desafiantes. Para ello hay que crearles un entorno en el que se fomente su implicación y su autonomía, por ejemplo poniendo perchas y estantes a su altura, cajones sencillos de abrir, comprando ropa con la que se puedan vestir solos sin dificultad… Aprovechemos que a ellos les encanta imitar a los mayores, ayudar en la familia y sentirse competentes.
A medida que los niños crecen, aumentan las expectativas de los padres, y también los problemas. Se espera que se vistan y coman solos, que sean ordenados y puntuales, pero la mayoría de pequeños no ven necesarios esos hábitos. Además, la capacidad de ponerse en el lugar de los demás de los niños es limitada y tampoco aceptan perder en los tratos y negociaciones.
Cuando les enseñamos a negociar, pueden intentarlo en todas las ocasiones y, a veces, hay decisiones que los padres no están dispuestos a cuestionar. Por ello tenemos que dejarles claro de una forma firme y respetuosa que hay ciertos temas que son exclusivos de los padres, que no son propios de niños.
Negociar con niños.
La negociación sirve para resolver conflictos, equilibrar necesidades y hallar soluciones beneficiosas para todos. Implica escuchar sentimientos, deseos y puntos de vista de la otra parte. Permite hacer saber a los hijos que los escuchamos, que sus ideas son valiosas y que pueden influir en el curso de los acontecimientos.
También les enseña a tener en cuenta los sentimientos y puntos de vista de los demás. Y llegan a comprender que las soluciones que dejan contentas a ambas partes son más adecuadas que aquellas en las que se beneficia una sola. Pero, a veces, es necesaria mucha creatividad para convertir el poner orden en un juego y el ser diligente en una iniciativa propia, para que disfruten con la limpieza y la autonomía.
Ideas para alcanzar acuerdos:
Escuchar, aunque no se desee negociar.
Preguntar al niño por la tarea que prefiere hacer.
Ofrecerle varias alternativas.
Transmitir al niño la idea de que todos trabajan por el bien de la familia.
Tener en cuenta que las ayudas de los hijos no siempre son tan útiles como desearíamos.
Asegurarse de que emprendemos la negociación en un buen momento, de que las circunstancias son adecuadas (tiempo, energía, receptividad, recursos...) y de si merece la pena.
Tener claro el objetivo final: ¿es imprescindible que el niño tome yogur o valdría otro lácteo? • Definir bien nuestras necesidades cuando nos dirigimos al niño: «Veo que tú quieres jugar, pero yo tengo que llegar pronto al trabajo».
Intentar que el niño participe en la búsqueda de soluciones: «No quiero que te mojes los pies. ¿Qué calzado te puedes poner?». Si sus opciones son descabelladas, proponerle que piense en otras posibilidades. Es probable que no le falte imaginación…
Un recurso muy útil para dialogar y hacer negociaciones son las reuniones familiares. Una forma respetuosa y democrática de llegar a acuerdos entre los integrantes de una familia donde todos pueden opinar todos son responsables de llevar a cabo los acuerdos. Veamos en qué consisten.
Las reuniones familiares
Básicamente es una reunión en la que participan todos los miembros de la familia y en la que todos tienen voz y voto. Según Jane Nelsen, lo ideal es realizar estas reuniones una vez por semana y tratar de no retrasarlas, cancelarlas o interrumpirlas. Una vez más, nuestro ejemplo será fundamental para que los pequeños se den cuenta de la relevancia de este evento. De nuestra actitud y competencias dependerá el éxito de las mismas.
Estas reuniones serán un buen método para favorecer la colaboración y el sentido de unión en la familia. Brindan la oportunidad de fortalecer los valores y tradiciones familiares. Componentes de las reuniones de familia según la Disciplina Positiva:
Presidente: Este cargo que debe ir rotando para que todos lo ostenten alguna vez, incluidos los niños (a partir de 5 o 6 años). Es responsabilidad del presidente convocar la reunión, iniciar la ronda de cumplidos, comenzar las sesiones para resolver los problemas y empezar a pasar un objeto para que todo el mundo tenga ocasión de expresar su opinión o hacer una sugerencia.
Secretario: Este cargo también debería rotar entre todos los miembros de la familia que sepan escribir. El secretario toma nota de los problemas tratados y de las decisiones tomadas. Necesita una agenda o cuaderno para anotar la fecha, los temas tratados en la reunión, los acuerdos a los que se ha llegado y las tareas de cada uno.
Procedimiento de la reunión:
Toda la familia se reúne en círculo sin televisión ni nada que distraiga la atención (si hay niños pequeños de cuatro años pueden moverse y decidir si quieren participar o no en la reunión).
Tratemos de comenzar por hacernos cumplidos los unos a los otros. Cada miembro de la familia debe decir algo positivo de todos los demás de forma individual, de esta forma, la reunión comienza con un ambiente más relajado y positivo. Sobre esto hemos realizado una actividad en temas anteriores. Por eso es importante que estemos familiarizados con hablar de nuestros sentimientos y hacernos cumplidos.
Una vez terminados los cumplidos, el presidente de la reunión da la palabra a quien necesite comentar algo: algún desacuerdo con alguien, alguna norma que no le gusta y quiere cambiar, alguna nueva norma que quiere proponer…etc.
Cuando esta persona termina de exponer su “problema” todos los miembros de la familia deben aportar ideas para la resolución del mismo teniendo en cuenta que no se trata de buscar culpables o castigar a nadie, se trata de resolver un problema que a algún miembro de la familia le molesta.
La autora Jane Nelsen recomienda usar la regla de las tres R y una U para encontrar soluciones a los problemas sin buscar castigos ni consecuencias: La solución debe ser Relacionada, Respetuosa, Razonable y Útil. En la reunión se toma nota de todas las soluciones propuestas y se estudia una a una para ver si son RRRU, si nos gusta o si estamos dispuestos a cumplir la tarea. Las soluciones acordadas por consenso se apuntan y se pasa al siguiente turno. Así hasta que se han estudiado todos los puntos pendientes.
Hay que destacar que las reglas son para todos y el cumplimiento también. Si se ha acordado que hay que recoger los platos después de cenar y ponerlos en el lavavajillas, nadie puede escaquearse de esa tarea, ni los niños ni los papás.
Antes de finalizar, debe planearse una actividad divertida en familia para la semana siguiente. Para terminar, realizaremos algo juntos en ese mismo momento: una partida a algún juego, hacer palomitas de maíz… En la medida de lo posible evitemos la televisión y si la utilizamos, asegurémonos de que es un programa que gusta a toda la familia y que una vez apagada la televisión, mantenemos una conversación sobre qué valores (o falta de ellos) se han transmitido y sobre cómo pueden aplicarse en su vida diaria.
¿Por qué funcionan las reuniones de familia?
Porque todos participan en las soluciones. Los niños están más implicados si han participado en la propuesta y si su opinión se ha tenido en cuenta.
Porque es una forma respetuosa de encontrar soluciones a los problemas de convivencia.
Porque los niños también pueden controlar el cumplimiento de las tareas por parte de sus padres.
Porque los niños también pueden proponer temas en las reuniones de familia.
Porque se puede aprender que los errores son una oportunidad para aprender.
Porque evita las luchas de poder compartiendo el control.
Porque los padres damos ejemplo de saber escuchar, negociar y debatir…sin duda unas competencias que queremos que nuestros hijos adquieran.
¿Y qué pasa si no se cumple el acuerdo?
Jean Nelsen apunta que es importante intentar mantener el acuerdo adoptado en la reunión familiar, que no hay que rescatar a nuestros hijos si no cumplen lo acordado y que debemos confiar en su capacidad de resolver los problemas.
Además, también avisa que muchas veces las cosas empeoran antes de empezar a mejorar y que las reuniones de familia se pueden utilizar también para revisar los incumplimientos y recordar las tareas.
Nota de Belén Piñeiro*: Personalmente, considero que este tipo de reuniones deben adaptarse a cada familia. He querido explicar el método tal y como lo indica su creadora, ya que es un básico de la Disciplina Positiva y considero que si estás inscrito en este curso debes conocer los aspectos más importantes de esta metodología y, por supuesto, te animo a ponerlo en práctica. Sin embargo, aconsejaría no tomar todo al pie de la letra y tratar de ajustarlo a las necesidades y filosofía de vida de tu familia.
El tema de las reuniones familiares es tan extenso que Jane Nelsen ha publicado varios libros dedicados sólo a explicar este tema y a dar herramientas a los padres para que su funcionamiento sea el adecuado.
Para finalizar, quiero compartir contigo un vídeo de una blogger muy conocida, Belén Canalejo (B* a la moda). En él expone su plan favorito del fin de semana. Es obvio que en el vídeo trata de promocionar una marca de refrescos -nada recomendable para los niños, pero ese es otro tema-, pero quiero le dediques unos minutos para que te quedes con otra idea de reunión familiar semanal en la que todos participan, los niños hablan, cuentan sus problemas y también se planean actividades para toda la familia en un ambiente más informal que el que acabamos de describir y en el que es obvio que todos disfrutan charlando unos con otros, a la vez que resuelven conflictos, hacen planes, etc.
Relativizar los problemas
En este tema no vamos a aprender a olvidarnos de los problemas que todos tenemos, al contrario. Pretende que te des cuenta de cuán grande es tu problema. Por eso voy a hablarte de cómo relativizar los problemas que tienes en tu día a día para que sepas si son importantes, urgentes o banales.
La palabra relativizar no significa dejar de darle importancia o querer ignorar la realidad. Etimológicamente, relativizar significa “poner en relación con otra cosa”, y eso es lo que quiero transmitirte hoy.
Porque una cosa tiene que quedar clara: un mismo suceso puede ser altamente importante para una persona pero puede no significar tanto para otra. Y es que cada uno tenemos un sistema de valoración que hace que nuestras vivencias sean o no importantes para nosotros.
El problema viene cuando le damos una importancia exagerada a todos nuestros problemas y hacemos una montaña de un grano de arena. Pero, ¿cómo lo hacemos? Esto es lo que quiero trabajar hoy. Me gustaría aportar técnicas que te ayuden a relativizar los problemas y te sirvan para tomar mejores decisiones a partir de ahora.
Empezaremos por las técnicas más suaves para relativizar los problemas y acabaremos por las más complejas, técnicas que te pondrán entre la espada y la pared y te ayudarán sí o sí a tomar perspectiva de la situación.
1.- Qué le dirías a un amigo que tenga el mismo problema.
Una simple pregunta que puedes usar para relativizar los problemas y darte cuenta si estás o no exagerándolo todo. Normalmente las cosas que nos pasan a nosotros son muy urgentes, tienen una importancia capital y no pueden posponerse por nada del mundo.
Parece como si el universo girara en torno a nosotros y los problemas vinieran una y otra vez. En cambio, si esos mismos problemas le pasan a tu amigo o amiga, todo se soluciona con una simple recomendación. Aplícatela a ti mismo.
2.- First world problems - Problemas del primer mundo
Estos problemas del primer mundo pueden ser que tu hijo salga con una camiseta manchada de casa, que haya pintado con rotulador la pared o que haya metido un pie en un charco. Cuando alguna de esas cosas te pase, date cuenta que no todo el mundo puede tener esos problemas porque hay millones de personas en el mundo que no tienen qué comer ese día ni ropa para manchar. Date cuenta de cuándo tus problemas no son tanto problemas sino “problemas del primer mundo”. Y cambia tu discurso.
3.- ¿Dentro de 5 años, esto importará?
Ya hemos hablado sobre esto y, para mí, sin duda alguna, ésta es la mejor técnica que existe. Por supuesto, no es la única, por eso quiero ofrecerte más estrategias, para que tú encuentres la que mejor se adecue a tu personalidad.
Quiero compartir contigo un vídeo en el que se trata esta misma cuestión, con una pregunta similar: Cuando sea viejecito, ¿qué pensaré sobre lo que acaba de ocurrir? ¿Será un hecho relevante que marque un antes y un después? Este youtuber tiene vídeos motivacionales muy chulos. A pesar de su juventud, me gusta mucho el mensaje que transmite a los jóvenes (la mayoría de sus seguidores son adolescentes) sobre superarse a sí mismos, pensar en positivo y esforzarse por ser su mejor versión.
El vídeo de esta lección transmite varios mensajes que me gustaría que observases. Si tienes prisa, puedes comenzar a verlo en el minuto 2:19.
A partir del minuto 4:18 explica otro método para relativizar nuestros problemas que es muy similar al siguiente punto. Una vez más, te invito a probar el ejercicio de la línea y, si ves que ha funcionado, incorpóralo a tu vida. Como ves, hay muchas opciones para conocer la magnitud real de nuestros problemas.
4.- ¿Qué es lo peor que te podría pasar?
En el caso de que haya algo que te angustie y te preocupe mucho en tu día a día, intenta pensar qué es lo peor que podría pasarte. Por ejemplo, imagina que te fueran a despedir del trabajo. Es muy posible que tras la angustia inicial, empieces a pensar en posibles soluciones (puede aprovechar para volver a estudiar algo que te guste más y encontrar un empleo que se adapte mejor a tu modo de ser, emprender, crear algo nuevo, etc).
Esta manera de relativizar los problemas sirve para darte cuenta que los miedos de “lo que podría pasar” no son tan grandes como habíamos imaginado.
Y si en esta pregunta, tu respuesta es “podría morir”, pasa a la siguiente clase.
Si fueras a morir hoy…
Si los puntos que hemos visto en la lección anterior no han sido suficientes para ayudarte a relativizar problemas que no tienen importancia, a ver si con esta técnica te convences.
Si fueras a morir hoy… ¿a qué dedicarías tus últimas horas? Supongo que ese problema que tienes entre manos es lo menos en lo que piensas. Pero toma conciencia que has tenido que ponerte al borde de la muerte para darte cuenta de lo estúpido que es preocuparte por ese problema.
Una vez más, te dejo otro vídeo de luzuvlogs, esta vez invitándonos a reflexionar acerca de la satisfacción de nuestras vidas. ¿Qué pasaría si fallecieses mañana? ¿estarías satisfecho con lo que has aportado al mundo? ¿qué cosas te quedarían pendientes de hacer? ¿por qué no hacerlas cuanto antes?
En este caso, necesitas algo más de 20 minutos para ver el vídeo. Te recomiendo hacerlo en un ratito relajado, quizás en fin de semana, para que después puedas dedicarte un momento para reflexionar acerca de lo que acabas de ver.
La disciplina positiva es una metodología educativa que tiene como objetivo dotar a padres y educadores de estrategias para que sean amables y firmes a la vez, con el fin de que cualquier niño, desde uno de tres años a un adolescente rebelde, pueda aprender a colaborar creativamente y a tener autodisciplina sin perder su dignidad.
La disciplina positiva se basa en el respeto mutuo y la colaboración, todo con la intención de enseñar al niño competencias básicas para la vida.
Fomenta la comunicación, el amor, el entendimiento y la empatía para disfrutar de las relaciones familiares y da herramientas a los padres para entender el comportamiento de sus hijos y reconducirlo con respeto, sin luchas de poder y siempre positiva.¿Cómo saber si es para ti la disciplina positiva?
¿Te ves reflejado en estas afirmaciones?
Consideras que tus niños “son desobedientes”
Recurres con frecuencia a los gritos y castigos.
Tienes pequeñas guerras a la hora de las comidas.
Sientes que los pequeños no te respetan.
Tus niños se pelean entre ellos.
Te invito a que reflexiones acerca de la relación con tus pequeños y si crees que hay algo que puedas mejorar, échale un vistazo a los contenidos del curso. Seas padre o docente, estoy segura que esta formación merecerá la pena.
Recuerda que el respeto empieza por uno mismo. Un niño solo puede optimizar su desarrollo al máximo con un educador sensible, constante, afectuoso y comprometido.