
Buenas Prácticas de Tecnologías de la Información (TI)
En el contexto actual, donde la transformación digital y el uso eficiente de los datos son pilares fundamentales para el éxito empresarial, adoptar buenas prácticas en Tecnologías de la Información (TI) es esencial para garantizar la seguridad, eficiencia, y competitividad de una organización. Estas prácticas permiten alinear los procesos tecnológicos con los objetivos estratégicos de negocio, optimizando recursos y garantizando la calidad de los servicios TI.
A continuación, se describen las principales buenas prácticas de TI enfocadas en gestión de datos y transformación digital:
1. Gobernanza de Datos y Cumplimiento Normativo
Una gobernanza sólida de los datos garantiza que la información empresarial esté bien gestionada, protegida y sea accesible. Implica establecer políticas claras sobre la recolección, almacenamiento, uso, y disposición de los datos. Buenas prácticas de gobernanza incluyen:
Definir roles y responsabilidades: Asignar responsabilidades claras para la gestión y la protección de los datos.
Políticas de calidad de los datos: Implementar controles para asegurar la exactitud, consistencia y confiabilidad de los datos.
Cumplimiento regulatorio: Asegurarse de cumplir con normativas como GDPR, HIPAA, o ISO 27001 para evitar sanciones y garantizar la privacidad de los datos.
2. Automatización y Eficiencia Operativa
La automatización de procesos dentro del área de TI es clave en la transformación digital. Algunas buenas prácticas en este aspecto son:
Implementar DevOps y CI/CD: Fomentar una cultura de colaboración entre los equipos de desarrollo y operaciones para acelerar la entrega de servicios y aumentar la calidad del software.
Uso de la Inteligencia Artificial y el Machine Learning: Automatizar tareas repetitivas, como la detección de amenazas de seguridad o el mantenimiento predictivo, mejorando la eficiencia operativa.
Documentación y monitoreo proactivo: Garantizar la adecuada documentación de los procesos automatizados y realizar un seguimiento continuo del rendimiento y la seguridad.
3. Seguridad de la Información y Gestión de Riesgos
La seguridad de la información es una preocupación constante, especialmente en el ámbito de la transformación digital. Las buenas prácticas para una gestión adecuada de la seguridad incluyen:
Evaluaciones periódicas de vulnerabilidad: Realizar análisis continuos de riesgos para identificar y corregir brechas de seguridad.
Políticas de gestión de accesos: Implementar sistemas de control de acceso como el Principio de Privilegio Mínimo, y la autenticación multifactor (MFA) para proteger los sistemas críticos.
Cifrado de datos: Adoptar mecanismos de cifrado tanto en reposo como en tránsito para proteger la información sensible.
4. Gestión de Infraestructura y Cloud Computing
Con la adopción creciente de la nube, las buenas prácticas de gestión de infraestructura han evolucionado para integrar estrategias híbridas y multicloud:
Optimización de recursos en la nube: Implementar políticas de autoescalado y apagado automático de instancias no utilizadas para optimizar el uso de recursos.
Backup y recuperación ante desastres (DRP): Diseñar y probar planes de recuperación ante fallas, asegurando la continuidad del negocio.
Cumplimiento de SLA (Service Level Agreements): Monitorear el cumplimiento de los acuerdos de nivel de servicio con los proveedores de nube para garantizar un rendimiento óptimo.
5. Marco de Trabajo ITIL y Gestión de Servicios TI
ITIL (Information Technology Infrastructure Library) es uno de los marcos más utilizados para la gestión de servicios TI, y su adopción permite estandarizar y optimizar los servicios tecnológicos:
Catálogo de Servicios: Mantener un catálogo actualizado de los servicios tecnológicos ofrecidos a la organización, permitiendo un mejor seguimiento y gestión.
Gestión de Incidentes y Problemas: Implementar un enfoque estructurado para gestionar incidentes y problemas, priorizando la resolución rápida y eficiente.
Mejora continua: Adoptar un ciclo de mejora continua para optimizar los procesos y servicios TI basados en retroalimentación y datos históricos.
6. Cultura de Innovación y Mejora Continua
La transformación digital no es un evento único, sino un proceso continuo. Para mantenerse competitivo, es fundamental crear una cultura que fomente la innovación y la mejora constante.
Fomentar la capacitación y el desarrollo: Mantener a los equipos de TI actualizados con las últimas tendencias tecnológicas y metodologías.
Laboratorios de innovación: Crear espacios y procesos que promuevan la experimentación y adopción de nuevas tecnologías, como IoT, Blockchain, o Big Data.
Retroalimentación y análisis de rendimiento: Usar herramientas de análisis de datos para medir el rendimiento de los sistemas y detectar oportunidades de mejora.
7. Adopción de Marcos de Ciberseguridad
En un mundo digital cada vez más interconectado, la ciberseguridad debe ser una prioridad. La adopción de marcos como NIST, ISO/IEC 27001, y CIS Controls proporcionan una base sólida para proteger los activos digitales.
Defensa en profundidad: Implementar múltiples capas de seguridad para proteger los sistemas, desde la red hasta los puntos finales.
Seguridad en el ciclo de vida del software: Incorporar prácticas de seguridad desde el desarrollo hasta el despliegue (DevSecOps), asegurando que la seguridad sea parte integral del ciclo de vida del software.
La transformación digital se ha convertido en una necesidad estratégica para las organizaciones modernas. Este proceso implica no solo la adopción de nuevas tecnologías, sino también una reestructuración profunda que alinea los procesos de negocio con los objetivos estratégicos. Desde la perspectiva de la Planificación Estratégica de Tecnologías de la Información (PETI) y el gobierno de datos, la transformación digital ofrece oportunidades para optimizar operaciones, potenciar la competitividad y mejorar la capacidad de respuesta al mercado.
El liderazgo en TI ha evolucionado significativamente en el contexto actual de transformación digital, gobernanza de datos y planeación estratégica. Los líderes tecnológicos son ahora actores clave en la alineación de la tecnología con los objetivos estratégicos del negocio, impulsando la innovación y asegurando la competitividad en un entorno digital en constante cambio. Este nuevo paradigma requiere que los líderes de TI desarrollen habilidades más allá de la gestión operativa, convirtiéndose en facilitadores estratégicos dentro de la organización.
Decisiones Basadas en Datos: Clave para la Transformación Digital y el Gobierno de TI
En el contexto de la transformación digital, la toma de decisiones basadas en datos ha emergido como un enfoque esencial para las organizaciones que buscan optimizar su eficiencia, innovar y mantenerse competitivas en un entorno global cada vez más digital. Para un experto en Planificación Estratégica de Tecnologías de la Información (PETI) y Gobierno de Datos, el uso eficaz de los datos no solo habilita una toma de decisiones más informada, sino que también impulsa la alineación de las estrategias tecnológicas con los objetivos generales de la organización.
Errores Comunes en la Dirección de Áreas de Tecnologías de la Información (TI)
La dirección de áreas de Tecnologías de la Información (TI) es crucial para el éxito de cualquier organización inmersa en la transformación digital y el gobierno de datos. A pesar de la creciente relevancia de las TI en las empresas, aún es común encontrar errores en la gestión de estas áreas, los cuales pueden impactar negativamente en la eficiencia operativa, la seguridad, y la alineación estratégica de la organización. Identificar y corregir estos errores es esencial para evitar retrasos, pérdida de competitividad o incluso vulneraciones de seguridad.
El desarrollo de Planes Estratégicos en las organizaciones es un proceso clave para alinear los recursos, capacidades y tecnologías con los objetivos empresariales a largo plazo. En el entorno actual, donde la transformación digital y el gobierno de datos juegan un rol cada vez más central, la Planificación Estratégica de Tecnologías de la Información (PETI) se convierte en un elemento vital para asegurar que las inversiones y esfuerzos en TI generen valor tangible y sostenible para la organización.
A continuación, se aborda cómo los Planes Estratégicos deben integrar componentes de TI, gobierno de datos y transformación digital para garantizar una planificación efectiva, competitiva y alineada con el futuro tecnológico.
La estrategia y el plan de acción son dos componentes fundamentales para garantizar que las áreas de Tecnologías de la Información (TI), gobierno de datos, y transformación digital generen valor tangible y alineen sus esfuerzos con los objetivos estratégicos de la organización. Mientras la estrategia define el qué y el por qué, el plan de acción detalla el cómo, cuándo, y quién llevará a cabo las iniciativas para alcanzar los objetivos propuestos.
A continuación, se explica cómo estructurar una estrategia eficaz y desarrollar un plan de acción en el ámbito de TI y transformación digital.
1. Definición de la Estrategia
La estrategia es una visión a largo plazo que establece cómo las tecnologías, los datos y la transformación digital impulsarán los resultados del negocio. Implica analizar el entorno interno y externo, identificar oportunidades y desafíos, y definir las áreas en las que TI puede generar un impacto significativo.
Alineación con la visión de negocio: La estrategia de TI debe estar estrechamente alineada con los objetivos generales de la organización. Si la empresa se enfoca en mejorar la experiencia del cliente, la estrategia de TI debe priorizar la implementación de tecnologías que apoyen ese objetivo, como la automatización de procesos o la analítica avanzada.
Focalización en la innovación: La estrategia debe incluir la adopción de tecnologías emergentes, como inteligencia artificial (IA), IoT, cloud computing, y blockchain, para asegurar que la organización no solo se mantenga competitiva, sino que también esté preparada para futuras disrupciones tecnológicas.
Gobernanza de datos y ciberseguridad: Incluir una visión clara de cómo se gestionarán los datos, asegurando su calidad, accesibilidad y seguridad, alineándose con normativas como GDPR o ISO 27001.
La estrategia de Tecnologías de la Información (TI) es un plan integral que define cómo una organización utilizará la tecnología para alcanzar sus objetivos empresariales. En el contexto actual de transformación digital y gobierno de datos, una estrategia de TI eficaz no solo debe enfocarse en la implementación de soluciones tecnológicas, sino también en asegurar que estas se alineen con la visión estratégica de la organización, generando valor y competitividad a largo plazo.
A continuación, se detallan los componentes clave para desarrollar una estrategia de TI sólida:
1. Alineación con la Estrategia del Negocio
El principal objetivo de una estrategia de TI es garantizar que las iniciativas tecnológicas respalden y habiliten los objetivos estratégicos del negocio. Esto implica comprender la visión y misión de la organización y traducirla en proyectos tecnológicos que generen valor.
Alineación con los objetivos comerciales: La estrategia de TI debe estar completamente integrada con los planes estratégicos de la organización. Por ejemplo, si el objetivo del negocio es expandir su mercado a través de plataformas digitales, la estrategia de TI debe priorizar la creación de soluciones escalables de comercio electrónico y automatización de procesos.
Transformación digital: Incluir iniciativas tecnológicas que permitan la digitalización de procesos clave, mejorar la experiencia del cliente, y optimizar la eficiencia operativa mediante tecnologías como automatización, cloud computing, IA, y IoT.
2. Gestión del Gobierno de Datos
El gobierno de datos es una pieza central en cualquier estrategia de TI moderna. Garantizar la calidad, accesibilidad y seguridad de los datos es esencial para habilitar una toma de decisiones informada y para cumplir con las normativas de privacidad y protección de datos.
Calidad de los datos: La estrategia debe incluir políticas claras de gestión de datos que aseguren la precisión, coherencia y relevancia de la información utilizada en la organización.
Cumplimiento normativo: Es imprescindible que la estrategia de TI incorpore los principios del cumplimiento normativo, incluyendo regulaciones como GDPR, HIPAA o CCPA, asegurando que los datos se manejen de manera ética y legal.
3. Innovación Tecnológica
La innovación debe ser un motor clave en la estrategia de TI, asegurando que la organización adopte tecnologías emergentes para mantener su competitividad y capacidad de adaptación en un mercado digital en rápida evolución.
Exploración de tecnologías emergentes: Incorporar nuevas tecnologías como inteligencia artificial (IA), machine learning, blockchain, y cloud computing para crear soluciones que aporten valor tanto a los procesos internos como a los clientes.
Laboratorios de innovación: Crear espacios o equipos especializados que evalúen y prueben la implementación de nuevas tecnologías de manera controlada antes de su despliegue a gran escala.
4. Ciberseguridad y Gestión de Riesgos
La ciberseguridad es un pilar esencial dentro de la estrategia de TI, dado que los entornos tecnológicos modernos son altamente vulnerables a amenazas cibernéticas. La estrategia debe garantizar que la infraestructura de TI esté protegida y que la organización pueda responder ante incidentes de seguridad.
Estrategia de ciberseguridad integral: Implementar un enfoque de seguridad en capas que proteja la red, los datos y los dispositivos de la organización. Adoptar marcos como ISO/IEC 27001 o NIST para estructurar la seguridad de manera sólida.
Gestión de riesgos tecnológicos: Identificar y mitigar los riesgos asociados con la adopción de nuevas tecnologías y la digitalización. Esto incluye realizar auditorías de seguridad, evaluaciones de vulnerabilidad y planes de recuperación ante desastres.
5. Optimización de Infraestructura y Cloud Computing
La infraestructura tecnológica debe ser robusta y flexible para respaldar las necesidades de crecimiento y transformación de la organización. La nube y la virtualización son componentes clave para construir una infraestructura escalable, ágil y optimizada.
Adopción de cloud computing: Incluir en la estrategia el uso de soluciones de multicloud o infraestructura híbrida, lo que permite aprovechar la flexibilidad y escalabilidad de la nube, optimizando costos y aumentando la eficiencia operativa.
Automatización de infraestructura: Usar tecnologías de automatización para gestionar y monitorear la infraestructura, asegurando tiempos de respuesta rápidos y minimizando tiempos de inactividad.
6. Gestión del Talento y Capacitación
La implementación de una estrategia de TI exitosa depende en gran medida del talento humano. La rápida evolución de la tecnología requiere que los equipos de TI cuenten con las habilidades necesarias para manejar las nuevas herramientas y procesos.
Capacitación continua: Incluir programas de capacitación que mantengan al equipo de TI actualizado con las tecnologías emergentes, como DevOps, seguridad de la información, análisis de datos, y automatización.
Retención de talento: Crear planes de desarrollo profesional y un entorno de trabajo que fomente la retención de los empleados más capacitados, para evitar la rotación de talento crítico.
7. Adopción de Metodologías Ágiles
En un entorno dinámico como el actual, es crucial que la estrategia de TI sea lo suficientemente ágil para adaptarse rápidamente a las cambiantes condiciones del mercado o las nuevas oportunidades tecnológicas.
Metodologías ágiles y DevOps: Implementar metodologías ágiles y prácticas de DevOps que permitan una entrega continua de valor, acortando los tiempos de desarrollo y asegurando la integración y despliegue constante de soluciones tecnológicas.
Ciclo de mejora continua: Establecer un enfoque en la mejora continua para optimizar los procesos tecnológicos y adaptarse rápidamente a nuevas demandas o desafíos.
8. Métricas de Éxito y KPIs
La efectividad de la estrategia de TI debe ser evaluada regularmente mediante el uso de KPIs (indicadores clave de rendimiento) que permitan medir el progreso y el impacto de las iniciativas tecnológicas en la organización.
KPIs operativos y financieros: Medir el rendimiento de la infraestructura, la reducción de costos y la mejora de la eficiencia operativa. Ejemplos de KPIs incluyen tiempos de inactividad del sistema, costos de TI por usuario, y tiempo medio de resolución de incidentes.
KPIs de satisfacción del cliente: Evaluar cómo las iniciativas de TI mejoran la experiencia del cliente, ya sea a través de mejoras en los tiempos de respuesta, la facilidad de uso de las plataformas digitales o la personalización de servicios.
9. Monitoreo y Ajustes Estratégicos
Una estrategia de TI no es estática; requiere ajustes continuos en función de los resultados obtenidos, los cambios en el entorno tecnológico y las necesidades del negocio. El monitoreo constante y la capacidad de hacer ajustes son cruciales para el éxito a largo plazo.
Revisión periódica: Establecer un ciclo de revisión regular (trimestral o anual) para evaluar el progreso de la estrategia y realizar los ajustes necesarios. Este proceso debe involucrar tanto a los equipos de TI como a los líderes empresariales.
Adaptación a nuevas oportunidades tecnológicas: Estar atentos a nuevas tendencias tecnológicas o cambios en el mercado que puedan requerir ajustes en la estrategia, como la adopción de una tecnología emergente o una nueva regulación en la gestión de datos.
El Plan de Comunicaciones es un componente esencial para el éxito de cualquier iniciativa dentro del ámbito de Tecnologías de la Información (TI), gobierno de datos, y transformación digital. Un plan de comunicaciones bien estructurado asegura que la información correcta fluya entre los diferentes actores involucrados en los proyectos tecnológicos, mejorando la colaboración, facilitando la toma de decisiones y minimizando riesgos asociados a malentendidos o falta de información.
A continuación, se presenta cómo desarrollar un Plan de Comunicaciones eficaz, enfocado en la implementación de proyectos tecnológicos y transformación digital dentro de una organización:
1. Objetivo del Plan de Comunicaciones
El primer paso para desarrollar un plan de comunicaciones es definir su objetivo. Este objetivo debe estar alineado con las metas de los proyectos tecnológicos y de transformación digital.
Ejemplo de objetivo: "Garantizar una comunicación clara, fluida y eficaz entre todos los stakeholders durante la implementación del sistema de automatización de procesos, asegurando que se mantengan informados y alineados en cada etapa del proyecto."
2. Identificación de los Stakeholders
Es fundamental identificar a los stakeholders (partes interesadas) del proyecto, es decir, todas las personas y grupos que necesitan estar informados o que juegan un rol activo en el proyecto. Los stakeholders pueden incluir tanto a miembros internos de la organización como a actores externos, como proveedores de servicios.
Ejemplos de stakeholders:
Directores y ejecutivos: Necesitan estar informados sobre el progreso del proyecto y su alineación con los objetivos estratégicos de la organización.
Equipo de TI: Implicados directamente en la implementación de soluciones tecnológicas, deben recibir instrucciones claras y actualizaciones sobre el estado del proyecto.
Equipos de negocio: Áreas afectadas por el proyecto (ventas, marketing, operaciones) que requieren información sobre cómo las soluciones tecnológicas impactarán sus procesos.
Proveedores externos: En proyectos que involucren la colaboración con proveedores o consultores, es crucial mantener una comunicación fluida para asegurar la entrega y el soporte adecuados.
3. Canales de Comunicación
Un buen plan de comunicaciones debe especificar los canales que se utilizarán para transmitir la información. Estos canales deben ser adecuados para la audiencia objetivo y garantizar que la información se transmita de manera eficaz.
Reuniones presenciales o virtuales: Ideales para discusiones detalladas y toma de decisiones clave. Pueden ser reuniones semanales o mensuales con los equipos principales.
Emails: Útiles para actualizaciones rápidas y formales, especialmente para informar a ejecutivos o grandes grupos de stakeholders.
Intranet o plataforma de colaboración: Herramientas como Microsoft Teams, Slack, o Trello son útiles para compartir documentos, realizar seguimientos de tareas y mantener a los equipos actualizados en tiempo real.
Boletines internos: Una forma estructurada de mantener a toda la organización informada sobre los avances de proyectos de transformación digital.
Dashboards: Para la alta dirección, un dashboard de progreso puede mostrar el estado del proyecto de forma gráfica y accesible.
4. Frecuencia de Comunicación
Establecer la frecuencia con la que se llevarán a cabo las comunicaciones es crucial para asegurar que todos los stakeholders reciban la información a tiempo y de forma continua.
Reuniones semanales de estado: Para los equipos operativos, pueden ser útiles para revisar el progreso y abordar cualquier obstáculo.
Informes mensuales: Para los directivos, proporcionando un resumen ejecutivo del avance del proyecto, métricas clave y riesgos identificados.
Comunicaciones ad-hoc: Para temas críticos o emergentes que requieren atención inmediata.
Boletines trimestrales: Para compartir actualizaciones generales con toda la organización sobre el estado y beneficios del proyecto.
5. Tipos de Comunicación
El plan debe considerar diferentes tipos de comunicación para diferentes audiencias, asegurando que la información sea relevante y útil para cada grupo.
Comunicaciones estratégicas: Dirigidas a la alta dirección para informar sobre el alineamiento del proyecto con la estrategia de la organización, avances clave y toma de decisiones críticas.
Comunicaciones técnicas: Dirigidas a los equipos de TI y proveedores, con información detallada sobre la arquitectura tecnológica, la implementación de soluciones, y los problemas técnicos que deben abordarse.
Comunicaciones operativas: Para los usuarios finales y equipos de negocio que se verán afectados por los cambios tecnológicos, explicando los beneficios del proyecto y los impactos en los procesos diarios.
Comunicaciones de capacitación: Para los empleados que necesitarán entrenamiento en las nuevas tecnologías o procesos, proporcionando información sobre los programas de capacitación y el soporte disponible.
6. Responsables de la Comunicación
El plan debe definir quién será responsable de cada tipo de comunicación. Tener responsables claros evita la duplicación de esfuerzos y asegura que la información fluya de manera eficiente.
Líder de proyecto: Responsable de coordinar las comunicaciones generales del proyecto y asegurar que todos los stakeholders estén informados.
Jefe de TI: Responsable de las comunicaciones técnicas entre los equipos de TI, garantizando que los aspectos tecnológicos se transmitan correctamente.
Directores de áreas de negocio: Encargados de transmitir las comunicaciones operativas a sus equipos y asegurar que los cambios se entiendan claramente.
Equipo de comunicación interna: Puede colaborar para diseñar boletines, correos electrónicos o contenido para la intranet que informe a toda la organización.
7. Contenido de las Comunicaciones
Definir el contenido adecuado para cada tipo de comunicación es esencial para que los mensajes sean claros, directos y alineados con el contexto del proyecto.
Informes de progreso: Deben incluir el estado actual del proyecto, las tareas completadas, los próximos pasos y los posibles problemas que han surgido.
Actualizaciones de riesgos: Comunicar de manera transparente los riesgos identificados, cómo se están abordando y qué impacto podrían tener en el proyecto.
Cambios clave: Informar sobre cualquier cambio importante en el alcance del proyecto, el cronograma o el presupuesto, y cómo estos cambios afectan a los diferentes stakeholders.
Impactos en el negocio: Especificar cómo la transformación digital o la nueva tecnología afectará los procesos operativos y las funciones clave de la organización.
8. Gestión de Retroalimentación
El plan de comunicaciones también debe incluir mecanismos para recibir y gestionar retroalimentación de los stakeholders. Esto asegura que cualquier preocupación o sugerencia pueda ser abordada a tiempo y que la comunicación sea bidireccional.
Encuestas y formularios de retroalimentación: Para recoger opiniones sobre el impacto del proyecto, problemas encontrados y sugerencias de mejora.
Sesiones de retroalimentación en reuniones: Dar tiempo en las reuniones clave para discutir el feedback recibido y ajustar los planes según sea necesario.
Revisión de feedback: Definir quién será responsable de revisar la retroalimentación y de proponer ajustes basados en esa información.
9. Evaluación y Ajuste del Plan de Comunicaciones
Es crucial que el plan de comunicaciones no sea estático, sino que pueda ser evaluado y ajustado a medida que el proyecto avanza. La comunicación debe ser flexible para adaptarse a las necesidades cambiantes del proyecto y de los stakeholders.
Evaluación continua: Monitorear la eficacia de las comunicaciones a través de encuestas internas, reuniones de revisión y análisis de participación (por ejemplo, tasas de apertura de emails o asistencia a reuniones).
Ajustes según sea necesario: Modificar la frecuencia, los canales o los mensajes si se detectan problemas de comunicación o si los stakeholders requieren mayor o menor nivel de detalle.
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