
No eres tu nombre y apellidos, ni profesión ni nacionalidad. Tampoco fecha, lugar de nacimiento, D.N.I., Nº de la SS, etc. Uno no es su profesión, nacionalidad…, ¡eso es la identidad! Y la identidad no es el ser; como tampoco lo es la personalidad, que significa máscara. Otro error sería identificarnos con nuestro pensamientos y/o sentimientos.
¡Qué poco nos conocemos a nosotros mismos!
Al nacer somos unos animalitos enfermos. Según la teoría de la fetalización venimos al mundo en un estado de prematuración: inmadurez neuronal, incoordinación motriz, etc. Y debido a esa absoluta indefensión estamos condenados a muerte sin un Otro especial que nos “meza la cuna” y nos salve la vida. Entre los 6 y 18 primeros meses de vida se forma el Yo mediante una identificación con el semejante a la que llamamos fase del espejo.
El Complejo de Edipo es un mito científico importante porque en él estructura el psiquismo y se ordena el deseo. Además, según sus grados de resolución, se produce la salud o la enfermedad. Se trata de las relaciones afectivas que el niño mantiene de manera inconsciente con sus figuras parentales, debido a este estado de dependencia e “invalidez” al nacer. El C. De E. Tiene la característica de ser universal, puesto que se da en todos los lugares y culturas, no reduciéndose a la familia conyugal.
En nuestro desarrollo psico-emocial o libidinal, pasamos por tres etapas: autoerotismo, narcisismo y elección del compañero sexual.
Sexualidad no es sinónimo de genitalidad. El concepto se sexualidad será ampliado. En la infancia se gesta la personalidad y la vida (sexual) adulta, de ahí su crucial importancia.
Mucha personas andan desencaminadas. Perdidas. Frustradas. Sin encontrar un sentido a lo que hacen. Pasan sus días matando el tiempo. Ello es debido a que no saben que van a morir: que nuestra existencia es limitada. Que debido a que somos mortales nuestro tiempo es finito. Esta ignorancia les lleva a ser una posición de súbditos frente a Los Señores del Poder, a la ideología. Dejándose arrastrar por el sistema y evitando la pregunta por el Ser.
El síntoma es una señal de alarma; ese indicador que viene a “avisarte” de que algo está ocurriendo en ese caos mental: pisco-afectivo que padeces. Es la respuesta a un conflicto psíquico. Tiene un sentido. Un sentido que está enlazado a la vida psíquica de la persona que lo padece. Por tanto, trae un mensaje a descifrar. Un mensaje que puede sacarte del sinsentido en que has podido convertir tu vida. De ahí que el síntoma sea una oportunidad para construir tu subjetividad.
El Psicoanálisis descubre que conciencia no es igual a psiquismo. Que hay una localidad inconsciente que es la que sobredetermina nuestra vida anímica: nuestras emociones, nuestros comportamientos, nuestros deseos y decisiones. Hacer consciente lo inconsciente nos permitirá hacernos sujetos libres, responsables y autónomos.
La realidad que vemos es una ilusión, una ficción. La realidad es un reflejo de lo real. La realidad y lo real no son lo mismo. La realidad que tienes delante de tus ojos es la realidad que has construido, mayoritariamente de forma inconsciente. El mundo no lo ves tal cual es, sino según tú eres.
El Psicoanálisis descubre que conciencia no es igual a psiquismo. Que hay una localidad inconsciente que es la que sobredetermina nuestra vida anímica: nuestras emociones, nuestros comportamientos, nuestros deseos y decisiones. Hacer consciente lo inconsciente nos permitirá hacernos sujetos libres, responsables y autónomos.
El Psicoanálisis descubre que conciencia no es igual a psiquismo. Que hay una localidad inconsciente que es la que sobredetermina nuestra vida anímica: nuestras emociones, nuestros comportamientos, nuestros deseos y decisiones. Hacer consciente lo inconsciente nos permitirá hacernos sujetos libres, responsables y autónomos.
Este curso tiene como objetivo adquirir conocimiento sobre nuestro aparato psíquico “en profundidad”, es decir, saber de nuestro inconsciente y su funcionamiento y ello nos dará la capacidad de entender actitudes y comportamientos que desde el sentido común pueden parecer absurdos y carentes de toda lógica.
Hace apenas un siglo que psiquismo dejó de ser sinónimo de conciencia. Y a partir de ese momento la idea que se tenía del ser humano cambió sustancialmente. No somos ese sujeto cartesiano: librepensador y autónomo que creíamos que éramos. Vivimos en una ficción y estamos condicionados por unos complejos procesos que sobredeterminan nuestra existencia, que hacen que confundamos la realidad con una quimera en la que estamos atrapados.
Darnos cuenta de esa superestructura limitante que nos anula como entes individuales es parte de nuestra responsabilidad. Hacer consciente la (auto)mentira de la que somos prisioneros es una cuestión ética. No es posible vivir una vida auténtica si no se produce ese “despertar”. Y solo después de romper las cadenas que nos arrastran y tomar el rumbo de nuestro destino mortal podremos ser los protagonistas de nuestras propias vidas. Entonces, y solo entonces, estaremos en condiciones “reales” de escuchar nuestro deseo y producir verdaderos cambios.